viernes, 3 de abril de 2009

No estoy yo aqui, que soy tu madre...


Hace ya un año, en realidad un poco más de un año Dios me regalo la posibilidad de conocer a la Morenita del Tepeyac… conocida por todos como la Virgen de Guadalupe…

La primera vez que escuche la historia de la Lupita fue mientras cursaba el 5to básico, y la Madre Beatriz (Q.E.P.D) en un rato libre nos conto la historia de un Indio que había visto a la Virgen… a saber estudie en un colegio católico, era entonces de toda lógica que nos contaran ese tipo de historias, sin embargo esta en particular me llamó profundamente la atención, no se si por la dedicación de la Madre al contarla, o por los detalles de esta, sin embargo nunca entendí bien de quien se trataba… mas nunca la olvide…

Si bien soy católica, no soy Mariana… bueno, casi… mi familia lo es, mucho muy devotos todos de la Virgen del Carmen patrona de Chile… de hecho mi abuela murió cumpliendo su manda de vestir de café la vida entera (nunca pregunte cual fue la manda… mmm... voy a consultar) bueno, a mi por alguna razón nunca me llamó la atención dicha devoción, casi fanática, a la Virgen del Carmen… al punto de haber construido una capilla en el campo en su honor (que dolores de cabeza nos trajo esa capillita). Pero como los caminos y los designios de Dios son impredecibles, en algún minuto de mi vida me volví a encontrar con la historia de Juan Diego, el indio que según la Madre Beatriz había visto a la Virgen…

Hoy quise volver a escribir sobre la Lupita primero por encontrarnos a pocos días del fallecimiento de Juan Pablo II, el Papa Mexicano como le dicen allá, quien sentía una cercanía especial con la Lupita, coronándola Reina Señora de toda Latinoamérica, y porque alguien muy importante para mi, ejerciendo su derecho a la duda… no cree en las maravillas de la Morenita… De alguna forma me siento “llamada” a comentar mis sentimientos respecto a la Sra.

Si bien creo que el fanatismo acérrimo suele transformas las historias bellas en cuentos ilusos, el caso de la Guadalupe es simplemente diferente. Quienes hemos tenido la oportunidad de conocerla, de pararse frente a ella, saben que es imposible no quebrarse frente a esa sensación de protección, amor, y ternura de alguien tan frágil, tan humilde y sencilla… que responde a tus oraciones con un simple “No se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?...”

La historia es simple, el 9 de Diciembre de 1531, en el monte del Tepeyac, Juan Diego, un indio náhuatl, mientras caminaba se encuentra con una morenita que luego de preguntarle a donde se dirigía, se presento como la Virgen María. El motivo de la aparición en el Tepeyac, fue el solicitarle a Juan Diego que fuera su enviado ante Fray Juan de Zumárraga, jefe de la Iglesia Católica en México en esa época, y le pidiera la construcción de una Iglesia a Su nombre en el monte del Tepeyac.

Juan Diego cumplió la tarea sin mucho éxito, pues su calidad de indio hizo que el franciscano poca atención le prestara, así se lo comento a la Señora quien le insistió e que volviera al día siguiente, así el 10 de Diciembre del mismo año, o sea al día siguiente, se volvió a encontrarse con la Lupita en el Tepeyac, camino a ver a Fray Juan, con el mismo resultado.

Lamentablemente para las intenciones de la Morenita, al otro día, el 11 de Diciembre, el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, cae muy enfermo, así que el 12 de Diciembre de 1531 corre Juan Diego en busca de un sacerdote para rezar por la salud de su tío, a quien amaba como un padre, pero camino al convento, la Morenita vuelve a aparecer, con la misma solicitud, a lo que el Indio responde contando del mal estado de salud de su tío.

La Señora respondió asegurando que Juan Bernardino ya había sanado (lo que efectivamente había ocurrido) pidiéndole a Juan Diego tener fe en sus dichos y que subiera a la cumbre del Tepeyac a buscar las flores que ahí encontraría, el indio subió el cerro sabiendo que ahí nada florecía pues era terreno árido, mas encontró un montón de hermosas flores en un vergel, tomo las pudo poner en su ayate (manta) y bajo donde la Señora, quien tomo las flores entre sus manos y le pidió llevarlas como regalo a Fray Juan de Zumárraga, para demostrar quien pedía la construcción de la Iglesia.

En casa del Obispo pidió audiencia, contando que llevaba de regalo las flores para que no las maltrataran, mas los guardias al tratar de tomarlas y sacarlas, en tres oportunidades, no pudieron pues al momento de poner las manos en el ayate, las flores parecían bordadas en el.

Se reunió entonces el 12 de Diciembre de 1531 con Fray Juan de Zumárraga, diciéndole que lo que el llevaba era la muestra a fin de que se construyera una casa para la Morenita… al momento de dejar caer las hermosas y perfumadas flores, en el ayate del Indio Nahuatl se estampó la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe… Imagen que hasta el día de hoy es venerada en Cuidad de México a los pies del Tepeyac.

La imagen es más bien pequeña, tomando en cuenta que el ayate mide 1 metro por 1,68 de alto, sin embargo impresiona la calidez, la serenidad, la paz que se respira frente a ella. Es imposible no sentirse abandonada a ese cariño que flota en el aire, más el fervor colectivo que se vive en el lugar.

De los milagros, pues hay por montones, de hecho dentro de la basílica hay un buzoncito donde la gente deja escritos los milagros que han ocurrido por la intermediación de la Lupita.

El 12 de Diciembre del año pasado busque en Santiago un parroquia donde se celebrara el día de la Sra. De Guadalupe, y encontré una en Lo Prado, y fue hermoso ver charros cantarle las mañanitas a la Virgen.. la misa se alargo por cerca de 2 horas… pero fue increíble, la unión que logra la Lupita, el cariño y la cercanía de ella es emocionante.

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